Pistas para entender el primer debate presidencial

En unas horas veremos el primer debate presidencial de las elecciones 2018 en México. En teoría, los debates forman parte de un ejercicio de comunicación política y aportan información para mejorar la democracia. En la práctica, un debate es un juego de percepciones.

Para entender el juego por ganar puntos en la contienda presidencial debemos seguir las siguientes pistas:

  • Ubicar la posición de cada candidato en la contienda. El puntero, es decir el candidato de “Juntos Haremos Historia” Andrés Manuel López Obrador, deberá evitar caer en la provocación de sus adversarios, a menos que el argumento de ataque afecte de manera sensible su posicionamiento. Su discurso deberá reforzar sus argumentos centrales de campaña, sin arrogancia y con énfasis en las preocupaciones más sentidas de la gente.
  • El segundo en las encuestas, Ricardo Anaya candidato de la coalición “Por México al Frente”, sólo debe atacar al puntero. Necesita reducir la brecha que lo separa del primer lugar y recuperar los puntos que lo hicieron caer luego de las acusaciones por corrupción.
  • Por lo regular un tercer lugar no tiene nada que perder y sus argumentos de ataque siempre le darán puntos. Tal es de caso de José Antonio Meade, candidato de la coalición “Todos por México”, que deberá demostrar su capacidad de argumentación y confrontación. Su objetivo es alcanzar al segundo lugar y superarlo en las próximas semanas.
  • Tanto Jaime Rodríguez “el Bronco” como Margarita Zavala serán los vasos comunicantes que le quitarán votos al primer y segundo lugar, respectivamente. Sus participaciones siempre tendrán oportunidad de ganar puntos, en la medida de que sus ataques no parezcan comparsa de los primeros lugares.
  • Entender que el debate, al ser televisado, se da en el terreno de las percepciones. La vestimenta a utilizar, las posturas, expresión corporal, seguridad, nivel de entonación en el momento de enfatizar, ritmo, volumen y velocidad, son elementos que los televidentes tomarán en cuenta a la hora de calificar la manera en que se desenvolvieron los candidatos. Aquí, Ricardo Anaya parece tener una fortaleza natural, como la que aprovecho Diego Fernández de Cevallos en el debate de 1994.
  • Argumentos con ideas-fuerza. Más que propuestas, lo que se queda de los debates son aquellas ideas-fuerza que se sintetizan en frases cortas y contundentes. No sólo para argumentar una oferta de campaña, sino en el momento de atacar al contendiente. Pueden ser frases coloquiales, acusaciones, calificativos u otras construcciones que quedan en el recuerdo de los televidentes o pueden utilizarse para compartir en redes sociales. En este terreno Andrés Manuel López Obrador parece tener experiencia y “el Bronco” querrá competir con un estilo desenfadado.
  • No deberán hacer disertaciones académicas o mencionar cifras incomprensibles. Los televidentes no comprenden si un número de kilómetros de carreteras a construir o empleos a generar son en verdad relevantes. Tampoco alcanzan a comprender en uno o dos minutos una disertación académica que sólo pretende mostrar a un candidato conocedor de la problemática. Lo que si entienden son los beneficios que puede obtener de manera directa si votan por uno u otro candidato. José Antonio Meade deberá evitar caer en la tentación de dar una conferencia por televisión.
  • Deberán estar atentos al factor sorpresa. Cada candidato deberá estar preparado a responder, controlar o ignorar señalamientos que ya sabe le van a presentar durante el encuentro. Pero también debe tener preparadas respuestas ingeniosas y contundentes a los ataques que no tenía previstos durante el entrenamiento al que fue sometido. Es la oportunidad que tienen todos de minar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.
  • Deberán entender que una verdadera utilidad es ganar indecisos. Por lo general, los debates son vistos únicamente por los seguidores de los respectivos candidatos. Sin embargo hay una pequeña franja de indecisos que podrían orientar su voto en favor de quien ven con mayor presencia y contundencia de argumentos. Incluso hay quien podría cambiar su voto, de un candidato que vio débil a uno con mayor desempeño al momento de exponer.
  • EL debate se gana en el post-debate. Los equipos de campaña deben estar preparados para actuar de inmediato en cuatro frentes: a) en redes sociales durante el debate; b) en la demostración de fuerza al terminar el debate -calles y plaza pública-; c) en las mesas de discusión y análisis que hacen los medios de comunicación electrónicos y digitales; d) en los titulares del lunes al destacar el desenvolvimiento de su respectivo candidato.

En los próximos días sabremos quienes aprovecharon la primera confrontación pública para mejorar su posición en la carrera por la silla presidencial.

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