Corrupción y desafección política

La identidad partidista hacia las 10 representaciones políticas con registro en México apenas alcanzan, en conjunto, el 40 por ciento. No es descontento, es algo más profundo. Es desafección política que se expresa a través de un cierto desapego o alejamiento con respecto al sistema político. Y suele medirse por el desinterés hacia la política y a los políticos, los sentimientos combinados de impotencia, indiferencia y aburrimiento.

El descontento supone la insatisfacción por los rendimientos negativos del régimen o de sus dirigentes ante su incapacidad para resolver problemas básicos. El descontento no suele afectar a la legitimidad democrática y es, sobre todo, coyuntural. Depende de los vaivenes de una opinión pública vinculada a la popularidad de los gobiernos y sus políticas. En cambio, la desafección política subsiste pese a los anuncios espectaculares de los gobiernos. Está ligada a las imágenes de la política como engaño y aprovechamiento; y de los políticos como incompetentes, inútiles y, por supuesto, corruptos. 


Corrupción y crisis económica.

La combinación de corrupción y crisis económica aumentan de manera significativa la desconfianza hacia la clase política. Molestos por la deteriorada economía que viven, los electores reaccionan en contra de los políticos que se enriquecen a costa del esfuerzo de los ciudadanos. La lógica de un elección ya no es honestidad vs corrupción, sino corruptos vs menos corruptos, lo que ha aumentado el rechazo a la clase política y disminuido la identidad partidista.


La indignación que los casos de corrupción provocan en la ciudadanía podría representarse como una escena en tres actos:

• El primero lo protagoniza la indignación más inmediata, aquella que aparece a medida que se descubren los detalles de cada caso;

• El segundo surge al poco tiempo como reacción a las decepcionantes respuestas que dan los partidos políticos que están involucrados;

• El tercero y último es un acto inacabado: son los pozos de desconfianza general que unas y otras actuaciones van dejando en la sociedad.

Desafección política y nuevos electores.

La desafección política invade, sobre todo, a los nuevos electores: jóvenes, informados, críticos, conectados (milenials), no acarreados a actos partidistas. Son el 55% de los electores que componen el voto switcher y definen una elección. Son los que adoptan una postura antisistema y presentan dos posturas: a) no acuden a votar, porque no creen en el sistema de partidos, o b) votan para ver perder al partido en el gobierno.


La ausencia de pertenencia, disgusto, falta de representación, desconfianza y rechazo a los partidos políticos es lo que ha aumentado la desafección política en México. Este desapego al régimen y su sistema de representación alcanza un polo negativo definido por una hostilidad completa hacia el sistema político. Entre los síntomas más importantes que reflejan el ánimo de los electores se encuentran: ineficacia, disconformidad, cinismo, desconfianza, separación, alejamiento, impotencia, frustración, rechazo, hostilidad y alienación. Ello deriva en un proceso compuesto por las 5D: Decepción – Desconfianza- Desafección – Desconexión – Desinterés.

La desafección política es un problema grave. Lo será más si deja de estar vinculada a los acontecimientos coyunturales (los casos de corrupción o las consecuencias de la crisis económica) y se convierte en un aspecto estructural del sistema político. Es un problema que no parece pasajero; es más, es muy posible que aumente en el futuro.

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