México #Elecciones2016: Parte de Guerra

Terminaron las campañas y el próximo domingo 5 de junio habrán de elegirse 12 gobernadores, 967 presidentes municipales y 448 diputados a los congresos locales. Las elecciones del 2016 fue el preámbulo de la guerra electoral que habremos de presenciar en el 2018. Hemos sido testigos de campañas con pocas propuestas que convenzan a los electores, guerras de lodo como principal elemento diferenciador y los principales temas que destacaron en 60 días fueron: corrupción, impunidad y candidatos relacionados con el crimen organizado.

Los principales partidos políticos que participaron en este proceso terminaron con altas y bajas. ¿Quien ganó y quien perdió en esta contienda? A unos días de la elección, este es el parte de guerra:

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Morena, el principal Ganador.

Andrés Manuel López Obrador y su partido Movimiento de Regeneración Nacional son el principal enemigo del actual gobierno. Y esa es precisamente su fortaleza. Es un partido con 22 meses de existencia que ha ido creciendo, principalmente en el sureste del país. A reserva de que pueden ganar alguno de los estados donde crecieron exponencialmente como Veracruz. Oaxaca y Zacatecas, lo cierto es que Morena se convertirá en 2016, en la tercera fuerza política del país.

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PRD, el gran perdedor.

El partido de la Revolución Democrática es el gran perdedor de ésta contienda. Su pragmatismo lo llevo a aliarse a contra-natura con el PAN, un partido que sólo lo ha utilizado para ganar o mantener posiciones. La debacle del PRD la vimos desde 2015 en las elecciones de la Ciudad de México en las que perdió 7 delegaciones. Sus militantes y simpatizantes han migrado a Morena, partido que ha recuperado las banderas sociales que un día el PRD le habría arrebatado al PRI. En esta elección no se llevará nada, a menos que de última gane Lorena Cuellar en Tlaxcala.

Voto Anti-PRI

El partido en el poder, el PRI, carga con un elevado voto de rechazo en el actual proceso electoral. Pese a recuperar la Presidencia de la República, los niveles de aprobación gubernamental son los más bajos en la historia de este país. A nivel estatal, los gobiernos del PRI se han mantenido bajo los señalamientos constantes de un ciudadano cada vez más atento. A una semana de las elecciones, el PRI en alianza con partidos que poco le aportan podría ganar en sólo 6 estados: Hidalgo, Sinaloa, Durango, Chihuahua, Durango y Tlaxcala. En cambio Puebla y Tamaulipas las tiene perdidas desde que inició el proceso y mantiene competencia cerrada en Oaxaca, Quintana Roo, Zacatecas, Aguascalientes. Incluso, en Veracruz podría irse al tercer lugar.

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Un PAN estancado.

No necesariamente por méritos propios, el PAN tiene ganadas Puebla y Tamaulipas. En el primero, porque su gobernador no puede ir a buscar un espacio en las elecciones presidenciales del 2018 habiendo perdido en su propio estado. Y en el segundo, las alianzas con el crimen organizado, derrumbaron las aspiraciones de varios candidatos del PRI en este estado y al PAN le tocará quedarse con “la papa caliente” que representa Tamaulipas, tal y como le pasó, en 2015, al PRD con Michoacán.

Independientes desinflados.

Las candidaturas independientes en el 2016 se desinflaron. De los 283 candidaturas que se registraron para votarles este 5 de junio, ninguno tiene posibilidades de ganar. Con respecto al año pasado hubo un crecimiento del 116 por ciento en las candidaturas independientes registradas. En esta elección se registraron 10 aspirantes sin partido a gobernador; 73 para diputados locales y 200 para presidentes municipales. La mayoría han servido de comparsa a candidatos de otros partido y, los menos, definitivamente no tuvieron la capacidad de repetir el fenómeno “bronco”. De los 10 aspirantes a gobernar sus estados, sólo el candidato independiente de Chihuahua tiene más de un dígito en la intención del voto, pero con pocas posibilidades para alzarse con el triunfo.

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Una chiquillada comparsa.

Los partidos como Verde Ecologista, Nueva Alianza, Movimiento Ciudadano, del Trabajo, Encuentro Social y Humanista sólo han apoyado a candidaturas de otros partidos. Los que llevan candidatos propios tienen ninguna o muy poca posibilidad de obtener triunfos. Eso es lo único que puedo decir de ellos.

Sin duda, los resultado del 5 de junio de 2016 servirán para definir no sólo candidaturas para 2018, sino advertir el comportamiento de los electores. Factores como hartazgo, desafección política, rechazo a guerras de lodo en pleno proceso electoral, desconfianza por gobiernos poco transparentes y la búsqueda de alternativas a las existentes, más allá de candidaturas independientes, serán los rasgos a considerar para la guerra que viene.

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