El timing político del Presidente

La comunicación de la Presidencia de México es básicamente política mediática. Para informar sobre acciones positivas derivadas de las incomprensibles reformas estructurales o minimizar las críticas de la oposición y el descontento ciudadano… a la comunicación gubernamental le falta timing político.

El timing político es el uso calculado del ritmo, la velocidad y las pausas en la actividad política y en la manera de comunicar, con vistas a obtener ciertos resultados. Si la política es un arte más que un técnica, como dicen los clásicos, obtener los resultados esperados requiere por parte de los profesionales de la política mucha sensibilidad e intuición, ya sea para actuar en el momento justo o retirarse a tiempo en situaciones de riesgo.

Tres signos de la crisis

Veamos los tres temas en que se encuentra atorado el gobierno federal y que le han generado consecuencias negativas para la imagen institucional, sobre todo porque la oposición las utiliza como banderas en el proceso electoral intermedio que ya inició.

1. La economía

Pese a la velocidad con que se cocinaron las reformas estructurales, el problema radica en que la Presidencia no sabe qué difundir ni cómo comunicar los principales logros. La publicidad institucional y la del partido en el poder sólo alcanzan a destacar beneficios como reducción en las tarifas de larga distancia y conectividad. Mientras tanto, los ciudadanos se enfrentan a los problemas cotidianos provocados por un salario mínimo pulverizado ante el aumento de los precios de la canasta básica.

Además, recibimos el año con aumentos en el precio de la gasolina y la promesa de que no se reduciría el gasto público por las disminución en los precios del crudo. Pero unos cuantos días después, la Secretaría de Hacienda reconoce la crisis en las finanzas públicas y anuncia el recorte de 124 mil millones de pesos y un cambio en el entorno financiero internacional con importantes consecuencias para la economía interna.

2. Corrupción

Más allá de la opacidad en el manejo de los recursos públicos, el deterioro de la imagen pública producto de la sospecha en la propiedad privada de los funcionarios encabezados por el Presidente ha hecho crisis en el gobierno federal. La reacción inmediata fue sacar a la primera dama del país a escena para atajar las críticas sobre la casa blanca, luego hicieron lo propio con la del Secretario de Hacienda y, nuevamente, con la otra casa del Presidente.

Entonces, si ya se pagó parte del costo político producto de la sospecha, ¿por qué crear “una comisión de la verdad”? La reactivación de la Secretaría de la Función Pública para aclarar posibles conflictos de intereses en el ejercicio del servicio público es innecesaria cuando ya hay instancias en el poder legislativo que tienen el objetivo de cuidar al Ejecutivo. Desde luego que se necesita mayor transparencia, pero también más sensibilidad y mejor comunicación.

3. Violencia

El caso de los 43 de #Ayotzinapa se ha convertido en la imagen simbólica de la impunidad. Y es que un caso local debió haberse enfrentado oportunamente en ese ámbito con las respectivas consecuencias para las autoridades locales. No sólo el alcalde debió haber pagado las consecuencias por el asesinato de los estudiantes., sino también el gobernador y los responsables de la seguridad pública. Y debió ocurrir a tiempo, con decisión y con buena comunicación.

El problema creció como la bola de nieve que baja por la montaña y que termina aplastando a los actores involucrados. El caso se escucha en el ámbito internacional con los respectivos tintes negativos para la imagen del país. La comunicación tardía contiene lo ya todos sabíamos: “están muertos” porque #YaMeCansé. El ánimo ciudadano se queda con las frases presidenciales viralizadas en redes sociales: #YaSuperenlo y #YaSeQueNoMeAplauden.

Una elección contra la pared

Lo cierto es que la delantera en la intención de voto que tenía el PRI en el país se ha reducido. Los problemas de imagen pública no se han resuelto. El descontento por la economía, la corrupción, la falta de confianza, la impunidad y la violencia predominan en el ánimo de los electores rumbo al proceso del 7 de junio de 2015.

El reto de la comunicación y de las decisiones políticas del Presidente no es aplicar medidas para ganar elecciones, sino facilitar soluciones a los problemas. Porque la política no se resuelve con comunicación, ni la política mediática ganará la voluntad ciudadana en las urnas. La política se resuelve en política, y se comunica… con sensibilidad, ritmo y oportunidad.

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